
El mundo prospera por el sentimiento de emprender, en los negocios, el arte, la ciencia e incluso en lo espiritual. Todos los grandes nombres en la historia, famosos o infames, fueron emprendedores. Ellos quienes sintieron la necesidad de hacer mas, de mejorar algo.
Pero que es lo que esta en el centro de este complejo y elusivo llamado en la vida? En el corazón del emprendedor hay conflicto, una interminable pelea entre lo que es y lo que podrá ser. Una necesidad inagotable de cambiar las cosas. Es un don, pues te impulsa a mejorar quien eres y lo que haces. Es también una maldición por que un verdadero emprendedor nunca se sentirá cómodo, su necesidad nunca lo dejara solo, le marca un destino auto-impuesto que debe cumplir.
Esto es especialmente cierto para aquellos que, por miedo o duda, intentan escapar esta voz del destino. La necesidad de emprender no le dará paz y lentamente le robara su espíritu hasta que obedezca el llamado o consiga ignorarlo. Aquellos que logran ignorar el llamado se les recompensa con un sentimiento de falta de realización y una sutil tristeza por aquello que, por su voluntad, nunca fue.
Tu, tu sientes este llamado, no esperes ni un momento mas. Cada segundo que lo ignoras sentirás que mueres un poco por dentro.
No seamos ingenuos, el querer ser emprendedores tiene otro nombre: avaricia. Pero la avaricia es lo que nos hace mejores como individuos, como comunidad y como especie. La avaricia no es inherentemente mala o buena, es simplemente un impulso de tener mas, de tener algo mejor. Cuando se enfoca hacia uno mismo, la avaricia es destructiva. Aquellos que quieren el poder simplemente por el poder, aquellos que acumulan riqueza para medir su valor interno. Tan exitosos como lleguen a ser, estos personajes nunca están satisfechos con lo que toman. Cuando se enfoca al exterior, la avaricia se convierte en la fuerza mas constructiva de la humanidad. Es el impulso de dar mas, de hacer mas, de mejorar las cosas, no solo para nosotros pero para nuestra comunidad, cualquiera que esta sea.
El espíritu emprendedor esta destinado a perseguir un blanco móvil, una interminable batalla cuesta arriba contra si mismo. Aquellos que usan este impulso de manera egoísta por siempre sentirán que están perdiendo la batalla. Por mas exitosos que sean, solo pueden obtener una alegría fugaz de sus ganancias físicas. Aquellos que usen su avaricia para servir descubrirán que su espíritu emprendedor les deja felicidad por el bienestar y las mejoras que dejan en su viaje.
Aun así, al final de cuentas, ningún destino es peor que el de aquellos que nunca se atrevieron a seguir el llamado.
No todos son emprendedores y la razón de ello es un tema completamente diferente. Pero para aquellos que los son, y ustedes saben quien son, el mensaje es claro: sigan el llamado, cumplan su destino auto-impuesto, busquen la felicidad en su viaje y nunca, nunca se rindan.











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